Wednesday, September 12, 2007

"Kraft durch Freude" un criticazo de "Miedo y asco en Las Vegas"

Hay veces que tener un hobby da instantes gloriosos. Y no me refiero a esos momentos culminantes en los que uno coloca el último palillo en una reproducción en mondadientes del Museo Guggenheim. Que va, son muchísimo más emocionantes los momentos previos. Mi pasatiempo es el de juntar letras (unas detrás de otras); y ante un tema como el de Las Vegas, ciudad que he visitado recientemente, siento la misma febril expectación que la de un aficionado a los puzles ante una caja que ponga “Impresión, sol naciente: 5000 piezas”. Uno se podría cansar literalmente de escribir sobre ella. Pero, de verdad, que ciudad más bizarra, más idiota y más fascista, y por ello mismo más adelantada a su tiempo. Que los que por ella se pasean no se rigen por esos conceptos tan pasados de moda como son: ¿es de día o de noche?; pero esto ¿es dentro o es fuera?; o ¿estamos en un lugar público o esto es casa de alguien?. Ideas, para que negarlo, que funcionaron en el SXVIII como bien expusieron los Ilustrados en su “Enciclopedia”, pero que en la ciudad de ahora mismo, la que sale en la tele y en los video-clips, pues como que no, que ya no sirven. Pero como meterse de lleno en esos y otros berenjenales de la ciudad-parque temático nos iba a dar un par de disgustos, me centraré para no cansar, en una única pieza del puzle, el “Circus Circus”.


El “Circus, Circus” fue el hotel donde me alojé dos de las tres noches que pasé literalmente hipnotizado por una de las ciudades más extrañas de la tierra. Un hotel antológico y cinematográfico ya que fue en sus vestíbulos donde le dio un increíble bajón al famoso periodista gonzo Hunter S. Thompson (el periodismo gonzo es una técnica depuradísima de la década de los 70 que consistía en escribir colocado sobre servilletas de bar). Bajonazo que luego llevaría a la pantalla el amanerado Jhonny Deep en la película Fear and Loathing in Las Vegas (1998); del hotel se recuerda entre risas el ligersico bar giratorio que hoy en día aún se conserva pero lleno de máquinas tragaperras (doy fe). Por si fuera poco la mítica del “Circus, Circus” se completa al haber sido el germen del “Nueva Nueva Las Vegas”, ciudad que al tiempo será tomada como modelo para el “Nueva Nueva York” o “Nuevo Tokio” (a secas). Me explico, el “Circus, Circus” fue el primer casino-resort de Las Vegas, el pistoletazo de salida para que las multinacionales del ocio decidieran arrebatar a la mafia su reinado y construir una ciudad decente dedicada al juego, la bebida, las atracciones, y las putas, todo dentro de un ambiente seguro y ordenado. Vamos, una Disneylandia para adultos: alterne pero dentro de un orden.


Hagamos historia, cuando el “Circus, Circus” abrió sus puertas en 1968 con un presupuesto de 15 millones de dólares necesitaba de un potente reclamo para llamar la atención de la clientela ya que en sus primeros años funcionó únicamente como casino, sin un hotel que lo apoyara. Este hándicap hizo que su dueño, Jay Sarno, subrayara la estética del lugar dándole un aspecto elegante, entre camp y sexy, con bebes elefantes paseándose por sus pasillos, actuaciones de gorilas entre las ruletas, amén de una serie de toboganes y palos de bomberos que conectaban unas áreas con otras, y todas con la piscina. Este ambiente de juego y bebida como de The Party /“El guateque” de Peter Sellers (también de 1968) finalmente prosperó hasta ser adquirido en 1974 por William Bennet y William Pennington que lo transformaron, ampliando el hotel que Sarno finalmente construyó, en “un resort temático para familias”. Se terminaron las actuaciones de señoritas sexys y se sustituyeron por otras más aptas para niños, destinadas a atolondrar a la chiquillería que dejaban tiempo libre a sus padres para que a su vez, éstos se aturdieran al ritmo de las máquinas tragaperras. Por otro lado, estas actuaciones se acabaron desarrollaron arquitectónicamente hasta dar lugar al mayor parque de atracciones cubierto de la tierra (¡¡¡uau!!!). Otra de las claves del “Circus, Circus”, y que ejemplifica como Las Vegas se abrió a la clase media, es su éxito basado en el volumen: sus habitaciones baratas y su buffet razonable (su restaurante sirve más comidas que cualquier otro en el mundo) hace que su ocupación roce constantemente el 99%. Es quizás ese aspecto el que más me llamo la atención de Las Vegas, ya que uno se imagina la ciudad como un reflejo de las viejas películas de los 50, un sitio de lujo y de ámbar, un lugar donde se practica un ocio peligroso y prestigioso, pero aquel barranco dorado es ahora el reino de la clase media. Su slogan debería estar tomado del nombre de una tienda que se encuentra en casi todos los hoteles: “Lujo a diez dólares”. Las Vegas es la tierra de Oz para las despedidas de soltera, para los cumpleaños que celebran la mayoría de edad, y para los matrimonios de mediana edad. Y dentro de ese mejunje de fiesta, juego, bebida y tabaco el “Circus, Circus” sigue marcando tendencia. Porque el “Circus Circus” de la actualidad, adopta una política que dentro del lema general de “Lujo a diez dólares”, se ha especializado en ser el sitio… a ver como lo digo… en ser el sitio “donde la gente que limpia America se divierte”; tomando el pulso, a su manera, a los Estados Unidos del SXXI. En sus pasillos se hallaban representadas fielmente ese crisol de razas que se ocupan de los peores puestos de trabajo que existen en América: miles de chicanos, pero miles de ellos, mezclados con hindúes, negros obesos, tripulaciones de aerolíneas de bajo coste y mi familia, que tampoco somos los Thyssen Bornemisza, todo sea dicho de paso. Todos mezclados, en una promiscuidad consumista, deambulando como zombies y gastándonos un dinero que no teníamos en uno de los pocos días festivos que disfruta America (Labor Day, el Día del Trabajo)… Todo ello me hizo preguntarme: ¿Pero este sin Dios a que se debe?.



La respuesta me la dio, agárrense que vienen curvas, el partido Nazi – el tradicional, no esas cosas insustanciales que hay ahora. Es poco conocido que el partido Nazi alemán tenía un ministerio dedicado al turismo bajo el rimbombante nombre de Kfrat durch Freude, traducido como “A la fuerza por la alegría” que no hay que confundir con “A la alegría por la fuerza” o “A la felicidad por la electrónica”, que son otras cosas distintas. Total, que los nazis con ese ministerio que se dedicaba a hacer cruceros y ciudades de vacaciones para los obreros (como Prora, una verdadera Maria D´Or de la Esvástica) pretendían hacerse un buen lavado de cara internacional, elevar el nivel de vida de la población (aria), y manipular ideológicamente a la población. Pero no sólo porque antes de subir al autobús camino de Königsberg se cantaran ante la banderita con la cruz gamada, sino porque el turismo se convirtió por si mismo en una efectiva herramienta para la despolitización de las masas, basada en que las clases trabajadoras imitaban por un precio razonable las costumbres de las clases dirigentes. Esto resultó muy útil para los nazis ya que éstos atacaban ferozmente el concepto de lucha de clases, y lo sustituían por el de Volksgemeinschaft o hermandad o germanor entre todos los alemanes. Esta parrafada se puede resumir en la frase emocionada de un minero que disfrutó de uno de uno de los cruceros de la Kfrat durch Freude y que dijo ante una preciosa vista: “Con Hitler todos somos el káiser”.








Esa frase creo que resume el espíritu de “Nueva, Nueva las Vegas”, ya que si “con Hitler todos somos el káiser”, gracias a las corporaciones del espectáculo como la Sony o la Metro, que tiene varios hoteles en Las Vegas, que suministran unas vacaciones fordistas a la clase media ( suyas son también las principales compañías de vuelos baratos) y que definitivamente marcan el ambiente de la ciudad, todos somos ricos desocupados, fascinantes jugadores, y bellas femme fatales. Todos somos los káiseres de la fiesta y espectáculo aunque trabajemos cincuenta horas semanales por una miseria, o seamos inmigrantes recién legalizados y aún perseguidos, o nos vayamos a casar y a enterrar de por vida en alguna urbanización de los suburbios. Los tiempos han cambiado, y ya no es necesario hablar de lucha de clases, pero pese a ello, la imitación de las costumbres de las clases adineradas y poderosas continúa siendo un motor del consumo, y como tal un impedimento para el pensamiento y el raciocinio más elemental. Lo más fascinante de todo es que una persona tan drogada como Hunter Thompson, el autor de “Miedo y asco en las Vegas” lo viera tan claro cuando escribió sobre el “Circus circus” estas palabras: “El Circus Circus es el Sexto Reich (…) es lo que el mundo entero estaría haciendo si Hitler hubiera ganado la guerra”. Hitler ha ganado definitivamente la guerra y nos tiene a todos confinados en unos preciosos campos de distracción. ¡¡¡Viva la fiesta!!!.


Yo me vuelvo a ir a Las Vegas en tres semanas, y cuento los días atrás para visitar la ciudad que impide pensar. Posdatas visuales:



Porque estoy de vacaciones, pero me están entrado unas ganas de bajar y meteros dos ostias a cada uno...

No sería bonita unas Las Vegas Ibéricas, pues claro que sería bonita, hombre, pues claro...

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He encontrada el logo de la sección de la "Kraft durch Freude" de la Wolksvagen, empresa nazi por antonomasia, y sí, lo han descubierto, se parece increiblemente a...


... ¡¡¡ Al logo de la organizacion Dharma!!!. ¡¡¡ ¿¿¿ Habeís pensado en la posibilidad de que la isla de Perdidos sea un parque temático ???!!!. ¡¡¡ ¿¿¿ Unas nazis-vacaciones para yuppies ???!!!. Esto es una conspiranoia total, pero desde ahora es mi apuesta para la serie. Están todos de vacaciones, rollo "Almas de metal".

5 comments:

Chus sin identidad definida said...

Me quedo con el parque temático de Lost: realmente es tan perfecto que, en el último capítulo, Jack ha decidido que sólo quiere volver?. Podría ser...Un diez para tu foto y la "starlette", por cierto parece Kate. ¡Que conincidencias! En mis menos prosaicas y alucinantes vacaciones, la nevera del apartamento playero costa valenciana, era marca CERMA, y el simbolito era muy parecido, se me olvidó hacerle una foto. Conspiramos?. Un beso y un abrazo para los aventureros...

olenska said...

Si es que al final va a resultar que estos de Lost no dan puntada sin hilo, aunque ahora todo parezca caos. Muy pertinente y lúcida tu reflexión sobre el turismo y el nazismo, y muy inquietante. Y esa imagen de una playa española con su Guggenheim y su sagrada familia y su torre kio me va a provocar pesadillas.

Thunderverdedeenvidiacochina said...

¿Tú ves por qué te echamos tanto de menos? Tu entrada es divertida, fascinada y fascinante, brillante, redonda y, como bien dice Olenska, muy inquietante. ¡Qué miedo! ¡Qué envidia! Y que poco inspirada estoy yo hoy para contestarte como se debe. Estoy enfadada, unos a Las Vegas y otras...no pueden irse a Barna. Snif. Y usted, Chussinidentidaddefinida, la salva el hecho de que el otro día me largaron por correo, primero, y verbalmente después, el comentario de Jack...que si no... Vale, culpa mía por no verla antes... Besos envidiosos de la muerte.

Anonymous said...

Se escribe VolksWagen no wolksvagen

Anonymous said...

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