Sunday, February 18, 2007

Orgón a go-go: un criticazo de SHORTBUS

Según el sexólogo, psicólogo, filósofo, y enloquecido doctor Wilhem Reich el orgón es la energía que desprendemos durante la sacudida del orgasmo. Para Wilhem Reich está explosiva energía –medible con el orgonometro- no sólo estaba en el origen del universo sino que tenía múltiples aplicaciones, verbi gratia curar el cáncer, agrupar y separar las nubes –según el día- y rayar la cebolla muy pequeñita muy pequeñita muy pequeñita y sin estropear las uñas. A John Cameron Mitchell, director de Shortbus el orgón le sirve como hilo conductor y fuente de energía alternativa para las historias cruzadas de unas personas terriblemente modernas en el Manhanttan de hoy en día. Una sexóloga que nunca he tenido un orgasmo, una pareja de gays que desean renovar su relación y una dominatrix sensible son los principales personajes que pululan por el salón multisexual Shortbus que según el director estaba “inspirado en el modelo parisino de Gertrude Stein”. Declaraciones grandilocuentes para una película que convierte el salón literario y sáfico de Gertrude Stein en una pijama party. Ya que según John Cameron Mitchell las improvisaciones con los actores en las que se basa la película empezaron con actividades como “hacer girar una botella entre cien personas. La persona escogida por la botella debía montárselo con quien la había hecho girar”. O con votaciones y complicadas gráfica sobre quién-le-gustaba-a-quién. Y es justamente este carácter de conversación desinhibida sobre sexo entre quinceañeras – ya sabéis: “John y yo hemos llegado a la segunda base (ver nota adjunta)”- lo mejor de la película. Es de agradecer el tufo que destila toda la película de fiesta desinhibida y escandalosamente naif sobre sexo – aquí la actuación de Paul Dawson, PJ DeBoy, Raphael Barker, Peter Stickles es muy física en un sentido muy estricto: enseñan prolijamente sus penes enhiestos.

Pero, no es menos gratificante que junto a esta celebración del cuerpo y sus necesidades exista un cierto mal rollo –llámemelo spleen, angst o annui- en el que el sexo no soluciona todo, pero sirve para pasar el rato: tras correrse en los cinco primeros minutos del filme uno de los protagonista se echa a llorar. Pero pese a esto y a declaraciones como “Es como los 60 pero sin esperanza [y sin conciencia política, añadiría]” creo que no hay que dejar una cosa clara: Shortbus no es una película sobre el deseo, es una película sobre el Orgón y su fuerza, es decir, es un relato sobre correrse. Cuando deseamos cosas –frotarnos, vaya- siempre somos ridículos –vean Perdición /Double Indemnity de Billy Wilder o en otra división muy inferior, pero que no está mal, la reciente Juegos secretos / Little Children de Todd Field-, como decía, cuando deseamos somos siempre ridículos, pero cuando nos corremos solamente hacemos caras. O dicho de otro modo: es una película superficial pero divertida, y rara como una mueca. No obstante, ese estar pegado al bajo vientre es -junto a la cháchara alocada sobre sexo que comentábamos antes-, lo mejorcito de la película: esa abundancia de apéndices, esas teorías sobre el cuerpo como de dogrados, esas múltiples combinaciones entre personas, pajeras, razas y especies son un verdadero aire fresco, eso si, de aire acondicionado. ¿Y lo peor?… la cosa esta como de cuentecito de hadas que tiene. Todos sabemos que Shortbus no existe –y yo casi dudo que el Nueva York que el director retrata exista, porque por simple estadística a mi me salen más mal follados en NY que en Valencia. Todos sabemos que cuando hablamos de un local de ambiente liberal hablamos de culos sudorosos de parejas alemanas pegados a sillones de sky y no de delirantes espacios llenos de cuerpos perfectos. Una idealización que hace que la película se contradiga constantemente, porque por un lado el sexo que se practica en la película no es capaz de mitigar el dolor y los problemas de sus protagonistas, pero por otro lado cuando todos consigamos el gran orgasmo todo será maravilloso. Y admitámoslo, esa no es la mejor actitud para dilatar. Todo esto lo achaco –hablar por no callar- a que la locaza del director –que se parece físicamente a Brenda, la de A dos metros bajo tierra- tiene una infancia de aupa: “Bueno, es comprensible. Personalmente crecí en un ambiente católico-militar donde el sexo era una cosa aterradora y, por lo tanto, fascinante”. Y creo que es esa fascinación de provinciano reprimido la que motiva, provoca y hace de esta película un entretenimiento con sus altibajos pero que no deja de sorprender agradablemente. A ver.

Calificación: 3 estremecimientos.

Para aclararnos: Es como si la loca filipina que servía a Elizabeth Taylor en Reflejos en un ojo dorado hubiera estudiado cine en la universidad de UCLA.

Si te gustó: Échale un vistazo a Bob & Carol & Ted & Alice (1969) una película sobre parejas que deciden experimentar sobre sexo y las relaciones en el ambiente liberal de los 60. Gracias a su mala leche envejecerá mejor que Shortbus.

La ogra del cine - ¡¡¡¡niños salgan de mi jardín!!!- dijo: “Me llevé una pequeña decepción”

3 comments:

la crítica envidiosa said...

Sí, sí, sí. Muy bien traído lo del orgón. Efectivamente sales de la peli con ganas de follar con tod@s, en plan '¡fuera represiones y que me quiten lo bailao! ¡unámonos todos en un orgasmo sin fin!'. Por cierto, Brenda, el director-locaza, también ha dicho que todos los orgasmos de la película son reales. O sea, un documental.

El punto cuento de hadas está y a ratos la cosa es un poco pastelera, pero no molesta. En los tiempos que corren (me temo que mucho menos libres de lo que dice hoy el país semanal), reivindicar de esta manera tan ingenua y gozosa el deseo, el placer y el sexo, y, sobre todo y principalmente, la libertad para ejercerlo, me parece necesario. Aunque solo sea para contrarrestar tanta película oriental de sexo sufriente y retorcido que solo lleva al vacío existencial. ¡Que sí, que a follar!

(Lo de crítica envidiosa va por la cosa esta de follar, que en la peli no paran, pero sobre todo por lo bien que escribes. ¡Queremos más!)

Pero...¿era todo un sueño? said...

Ay chica como te ha dado por revinicar la ingenuidad, que si La cienca de los sueños, que si... En fin, muchas gracias por tus ánimos como siempre y por la paciencia leyendome.

Pero...¿era todo un sueño? said...

Por cierto que las fotos de esta página las saqué de un bizarro hipervínculo donde recopilaban fotos de gays y lesbianas de los tiempos preteritos