Saturday, May 9, 2009

Girls und Krise: Confesiones de un adicto a Kracauer


Si pensamos en el Gran Libro de la Historia de la Humanidad como en una de esas revistas de tendencias gratuitas, y si pensamos en los periodos y ciclos que lo conforman como en modas y estilos, chicas, hemos de llegar a la conclusión que Weimar, la República, vuelve (absolutamente). Esa simpática república que se formó en Alemania entre la l Guerra Mundial y la subida del nazismo (1919-1933) es tendencia. Claro que es tendencia en sus colores más oscuros y ocres, vamos, sin las cosas guays como el cabaret, Grosz, los mutilados, los intelectuales y el Movimiento Espartaquista. Sólo en las cosas más chungas como la hiperinflación, los parados, el auge de la derecha (extrema), y la cara de desencajados que se nos está poniendo a todos por la crisis. Ante esta crispada situación mundial, y ante los lógicos roces cotidianos por no bajar la tapa del wáter, mi señora y yo pensamos refugiarnos en una de esas cuevas de Platón que son los cines comerciales. Y ya puestos a embrutecernos, peor es mejor, decidimos ver Confessions of a Shopaholic (2009) de P.J. Hogan, aunque pudo haber sido cualquiera.


La película, entiéndame, no estaba nada mal. La actriz principal Isla Fisher, tiene un talento natural para la comedia, el guión tenía unos cuantos buenos chistes, el humor visual estaba trabajado, y la gente pataleó en algunas escenas de risa, y nosotros, como pueblo que somos, con ellos. En fin, una de esas entretenidas comedias comerciales, a veces previsible, pero muy muy entretenida. Sin embargo, por encima de esas escasas cualidades cinematográficas, cómo producto cultural, la cinta es un magnifico reflejo del mundo de hoy, de hoy mismo. Bueno de hoy y de anteayer, porque como bien le dije a mi señora pomposamente “Pero esto es muy República Waimar, nena”.



Déjenme explicarles, lo interesante de esta película, a parte de los modelazos y las risas, es la recepción que tuvo. Como bien sabrán, la película empezó a recibir varapalos en el mismo día de su estreno; varapalos que provenían de periódicos que precisamente no estaban dentro del ámbito cinematográfico, como el USA Today, quien dijo “No sólo es aburrida y estridente, sino probablemente la película que ha elegido peor fecha de estreno y la más terriblemente insultante de la historia reciente”. El periódico se refiere, claro, al canto que hace la cinta del consumismo, del uso indiscriminado de la tarjeta de crédito, y del “esclavismo subyacente a la cultura del consumismo [que] es moralmente repugnante”, como dijeron en otra revista, Reelviews . No les voy a engañar a ustedes, porque algo de cierto tienen esas críticas, ya que podríamos decir que toda la subtrama económica que sostiene el filme está basado en esos activos tóxicos, en ese gastar a lo loco ¡¡¡a lo loco!!! cuando no se tiene y cuando se quiere, y que nos ha llevado a donde estamos. De hecho en un momento del filme, se cae de lleno en el comentario descerebrado (recordemos, es una comedia tonta) cuando el padre de la protagonista, John Goodman, le dice algo así como “chica, si tienes muchas deudas, no te preocupes que América también los tiene, y ha salido adelante” (¡¡¡!!!). Vamos que le falta decir “ montamos una buena guerra, pero una de esas gordas, y ya verás como reactivamos la economía, y tu hija a gastar”.



Pero ese sentido común del que hacen gala estos comentarios, no pueden esconder la miopía crítica que hay detrás de ellos. Primero, por la cosa aquella de que la gente en momentos de crisis prefiere ver superficies brillantes, escenas lujosas, aparatosos musicales, y mármoles, mucho mármol. Como bien comentaban en EL PAÍS “Durante la Gran Depresión, una de las películas más populares en taquilla fue Top Hat / Sombrero de copa (1935), complemento que representaba a las clases más altas y capitalistas y que, reflejado en celuloide, conquistó a todas las restantes. No comprender el placer de ver a alguien comprando sin parar cuando el espectador no puede hacerlo es no comprender uno de los principios de la ficción cinematográfica: el escapismo”. Y no sólo es ese, dicho en valenciano, “Xica, tu tens diners?, jo t´alabe el gust” (Chica, ¿tú tienes dinero?, pues yo te alabo el gusto), como decía, no es sólo ese ver gastar por ver gastar, sino que podríamos decir que comprar forma parte de la esencia del cine. Y fíjense si es gordo lo que digo, pero el comprar, el ir de compras es indisoluble al cine, y no sólo porque cuando vas al cine “compras un espectáculo” sino porque la mirada moderna se construyó en gran parte por la unión de mirada comercial y mirada cinematográfica: los escaparates y la pantalla (existe un libro de Anne Friedberg , Window Shopping: Cinema and the Postmodern , dedicado exclusivamente a esta idea). Por no nombrar cómo la proyección del cine ha estado íntimamente relacionada con el centro comercial: el pre-cine dentro los pasajes comerciales de fines del SXIX, las cadenas de palacios de cines de los años 20 inspiradas en las cadenas grandes almacenes, y la situación actual con todas esas salas en centros comerciales. Aunque sobre este tema hablaremos exteeeeensamente en otro momento.


Evidentemente, y es a lo que vamos, el cine de chicas, el conocido en inglés como “Chick flick”, y definido por el momento como “el cine comercial para público femenino realizado entre la década de 1980 y 2000” tiene una evidente vocación escapista y consumista, pelis como la infame Sex and the City (2008) o la apreciable The Devil Wears Prada (2006), son un canto a la lobotomía comercial, que podemos enlazar con los satinados anuncios del Cosmopolitan. Pero aunque una parte de la cultura para chicas “chick culture” se pueda resumir en una rima de una canción de Britney Spears Oops i did it again “ Cause to lose all my senses /That is just so typically me/Oh baby, baby” (“Perder todos los sentidos/es algo tan típicamente mío/Oh baby, baby”). Amigas, no todo es perder el Norte. Y eso también se ha decir claro y alto. El cine comercial para mujeres ha dado también sus obras apreciables y sus obras reprobables. Sus grandes momentos, y sus secuencias vergonzantes. Una producción vasta, fácil y asequible destinada a la consumidora, pero que como siempre (será por la cosa de la mirada masculina) no ha recibido en castellano ni un poquito así de atención crítica. Miren, yo no soy una mujer, pero soy un hombre que sabe lo que le gusta y que se pone cremas, y ¡¡diablos!! algo tiene contar eso. Así que me he propuesto iniciar una serie de artículos sobre los “chick-films”, las pelis para chicas, que como decíamos anteriormente, están viviendo como género comercial un momento interesantísimo: ¿influirá la crisis comercial en las pelis para chicas o como creo se convertirán en altavoz de los valores más consumistas?, ¿utilizaran las chicas los géneros propios para replantearse el modelo femenino, tal como han hecho los chicos con The Wrestler o JCVD?, ¿la renovación vendrá por las “lesbian-chick-flicks” o por la faaaaaaaalsa de Sofia Coppola?, ¿qué pasa en Corea con las chick-flicks?, ¿y con Gossip Girl?, y de nuevo, no , en serio, ¿que-co-ño-pa-sa-en-Co-re-a?.


Ahora que si ustedes me hablan de chicas modernas, guapas, y despiertas, me hablan de una gravísima crisis económica, y me hablan de cine, yo les hablo de Siegfried Kracauer. Ahí, es nada. Kracauer, tal como mucha gente piensa no es un grupo de techno-pop alemán de los 80, sino que es un señor filosofo de la escuela de Frankfurt, un señor que se vestía por los pies y que en la década de los 20, justo antes de que Goebbles demostrara que el cine y la radio son máquinas de matar, escribió una serie de libros sobre cultura popular que eran de ponerse de pie y dejarse las manos aplaudiendo. Un maestro, vamos. Toootal, parte de esa producción apareció analizada en una magnífico artículo de Sabine Hake titulado Girls and Crisis - The Other Side of Diversion (en New German Critique - No. 40), donde hacían referencia a un escrito de Kracauer titulado de manera muy hija de puta Die kleinen Ladenmadchen gehen ins Kino (1928) o sea The Little Shopgirls Go to the Movies o Las pequeñas compradoras van al cine. A través de ese artículo, repito, escrito en 1928, vamos a ver como nació el concepto de "pelis para chicas" y como los intelectuales del momento de enfrentaron a tan terrorífico acontecimiento.


Ese artículo es esencial para empezar analizar la cultura de chicas, créanme, esencial porque nos va a dar la clave de porque no existe una crítica de cine seria sobre el fenómeno del cine comercial para chicas. Es difícil hacer un resumen de un texto que como todos los de Kracauer es tan complejo, pero vamos a ello para no eternizarnos. En este artículo Kracauer:

· Nos da la visión misógina de la espectadora de cine del momento, que ya se intuye en el mismo título. Y es que aunque Kracauer sea una de las voces más vehementes en el tema, no fue quien lo puso sobre la mesa, ya que todo esta tendencia de hablar de las necias que van al cine, digo, de las espectadoras, se inicio allá por 1914 cuando el sociólogo Emilio Altenloh escribió Soziologie des Kinos o Sociología del cine, la primera aproximación a “la mujer como emergente nueva espectadora”. Donde junto a datos estadísticos, el hombre daba alguna opinión propia, que todo no iban a ser recoger datos, que eso lo puede hacer cualquiera. Tanto la opinión de Altenhol, como la de Kracauer, como la de la mayoría de intelectuales del momento era que el cine era un invento a todas luces revolucionario pero que las mujeres lo utilizaban para unas tonterías grandísimas, pero grandísimas. Que daban risa, vamos.


· Kracauer decía más o menos esto: “Pero si el cine es precioso, que es que refleja la vida moderna que da gloria, piensen en ese chico nuevo, Walter Ruttmann, pues ¿Cuántas mujeres han ido a ver Berlin: Die Sinfonie der Grosstadt?. Una o ninguna. Vamos hombre, si es que lo que hay que aguantar. Faltaría más. Ahora, para ver la mierrrrrrrda, y perdona que lo diga así, para ver la mierrrrrrrda sentimental de la UFA, ¿Cuántas?, ¿ehin?, ¿Cuántas?. Así, a puñaos, pásate cualquier sábado por la Kurfiirstendamm”. Claro que un hombre tan inquisitivo (sin ironía) como Kracauer no se podía quedar ahí, e intentó responde a la pregunta de por qué existía esa cultura de las chicas (en el cine, los cabarets, los musicales), por qué había esa preponderancia de las girls, y cómo ésta afectaba al cine. Según Kracauer gran parte del protagonismo cultural de las chicas proviene de la crisis económica. De hecho Kracauer fue el autor de la ecuación “Girls und Krise” según la cual la crisis económica y el ambiente urbano llevaba a las mujeres jóvenes a romper con la familia tradicional y entrar en un mercado laboral barato, cayendo directamente en la devaluada profesión de secretaria. De ahí la popularidad de los conjuntos de baile femeninos o la moda para chicas.


· Mantiene que, y traduzco del artículo, “el papel de chica era el precio que una mujer debía de pagar por su desmitificación (causada por su participación en el ámbito laboral)”. Esta característica tiene, según Kracauer, su mejor personificación en los números musicales del cabaret del momento (el cine aún era mudo): “… y cuando las bailarinas hacen lo mismo una y otra vez, sin interrumpir la línea, uno es capaz de ver la cadena de coches saliendo de la fábrica, saliendo de la cadena de montaje al mundo” (vean el video más abajo). Así mismo, hablando de géneros contemporáneos analiza la popularidad de los argumentos de "falsa identidad" entre las espectadoras como un síntoma de su propia falta de personalidad como empleadas.



· Finalmente, Kracauer echa la culpa del bajo nivel de producción del cine del momento a las mujeres, que van mucho al cine, y mal. Para demostrar esto hace una lista de típicos motivos cinematográficos y de reacciones femeninas vinculados a ellas. La lista, claro, es de aúpa. Por ejemplo, “Nación en armas”, una supuesta película de guerra: “las pequeñas compradoras pasarán un mal rato resistiendo el glamour de las marchas y de los uniformes”. O una peli de amor: “si un gentelman se aproxima a una de las pequeñas compradoras, ellas probablemente creerán que uno de esos famosos millonarios”.






El tema como verán por las parrafadas anteriores es complejo hasta en sus facetas más monstruosamente misóginas, ya que si bien nadie en su sano juicio afirmará que la mujer se “desmitifica” en el trabajo, tampoco se puede refutar que la mujer entra en pleno derecho en la sociedad de consumo, sobre todo a partir de los 60s, a través de la reivindicación de la adolescencia y la cultura de “chicas” (no en vano la modelo Twiggy es un icono de ello). En definitiva, es innegable que esta "chick culture" de la que vamos a hablar en sucesivos artículos no nació ayer, sino que ha sido una de las formas más usuales de representar a las mujer en las sociedades capitalistas (en Krisis). Además, al ser un tema tan nuevo (para España) y tan tonto es tan estimulante intelectualmente que creo que va dar para mucho entre nosotras, queridas e inteligentes lectoras.



En otro orden de cosas, justo es reconocer que no he sido yo el primero que ha unido “chick culture”+Republica de Weimar”, que me he inspirado en una canción de mi cantante favorito, el muy germano, Max Raabe and the Palast Orchestra, concretamente la versión que hizo de la canción de Britney Spears “Ooops, I did it again”: veanla aquí que no se puede colgar, créanme, es imprescindible. Max Raabe es uno de los grandes cantantes mundiales actuales y uno de los grandes recuperadores del legado cultural de Weimar, en el siguiente video lo tienen, no haciendo versiones de la Britney, sino en sus fueros, en alemán con la canción “Daysi” y acompañado de un grupo de girls como las que comentaba Kracauer, pura línea fordista de señoritas vicetiples. Max Raabe el minuto 2.10 adopta una pose (es que es muy de poses) nivel 10 de dandismo. Lo dicho, si no son personas muy muy elegantes, no la hagan en casa, podrían dislocarse la cadera.



Fin de fiestas: Max Raabe and the Palast Orchestra en estado de gracia, en puro estado de gracia, con una de esas canciones de moda en los años 30, de esa bendita moda de los 30 de las “canciones-lista” donde la letra era una lista de cosas ridículas. Esta vez, una canción de amor titulada “You´re the cream in my coffee” (eres la leche en mi café) donde se puede oír: “You're the salt in my stew” (eres la sal en mi estofado) , “You're the lace in my shoe” (eres el cordon de mi zapato), “You're the sail of my love boat” (eres la vela de mi barco del amor) o mi preferida absoluta “You're the starch in my collar” (¡¡¡eres el almidón de mi cuello!!!).



4 comments:

Ariel H. said...

Y nuevamente se luce usted, con esa prosa tan amigable y que le permite englobar sin dificultad conceptos en apariencia tan ajenos: de Isla Fisher a Max Raabe, pasando por la república Weimar y Siegfried Kracauer sin toser una sola vez. Me como las uñas pensando en que viene después.

Pero debo decir, Nacho, que la estupidez femenina es cosa de hombres. ¿Quién va a querer a su lado a alguien que ponga en duda sus prejuicios? ¿Quién quiere que lo hagan pensar después de un agotador día de trabajo? Las mujeres que miran cine tonto están rodeadas de hombres que quieren mujeres tontas.

Por suerte no me exiges que vea Confessions of a Shopaholic para seguirte el hilo.

Nacho Fusil said...

Verdaderamente fascinante su teoría de hombres listos que hacen películas tontas para hacer mujeres tontas a las que mirar. Fascinante por la cosa consparanoica, pero estoy pensando que quizás peque un poco de absolutismo, vamos, que parece muy absoluta (ya sé que todo se puede matizar). Coincido con usted que el cine es, básicamente, una industria masculina, pero mi intención no es tanto investigar cómo se aborrega a la mujer, como analizar los relatos comerciales que tienen a la mujer como protagonista. Principalmente porque no comprendo cómo cierto cine comercial, las comedias como Supersalidos o cualquier otra comedia tonta sobre amistades masculinas se convierte ipso facto en renovadora de la comedia americana, y buenos productos dirigidos a mujeres son pasto de las críticas o el olvido más absoluto. Más aún en países como los nuestros, donde no sólo el cine está en manos de hombres sino que la crítica también. En fin, resumiendo, cada día dudo más que el cine sea una herramienta de conocimiento pero que seguro seguro el cine es una máquina de hacer géneros, que el western te transforma en hombre y el melodrama en mujer, por eso en mi casa vemos tanto cine y series “para chicas”, porque soñamos ser, en un futuro, dos lesbianas mayores, malhumoradas que vistan de manera similar. De momento me voy a Paris a ver si jugamos a Gertrude Stein y Alice B. Toklas (me pido Alice B Toklas ab-so-lu-ta-men-te).

orgullo y pundonor said...

hola
muy interesante tu blog

te hemos enlazado desde el nuestro, donde aparte de crítica cinematográfica hacemos alguna tontería.
http://orgulloypundonor.wordpress.com/

atiras said...

chapo!
pero, estas seguro que vimos la misma peli en el cine? la de la pelirroja esa tan mona que se compraba cositas?